“Si no existiera el invierno, la primavera no sería placentera, y si no pasamos por la adversidad la prosperidad no sería bienvenida”. Anne Bradstreet.

A todos en algún momento de nuestra vida nos ha tocado el tener que enfrentarnos al “no tener”. La escasez tanto material como espiritual, puede manifestarse de muchas maneras, e inevitablemente el sentir que genera en primer momento es de angustia.
La escasez se define como la existencia limitada o ineficiente de algo, pero debemos dejar claro que: ese algo inexistente o insuficiente, se considera necesario, de no ser así no hay tal escasez.
La abundancia por su parte, significa “gran cantidad de algo”, está directamente relacionada con la prosperidad, la riqueza y el bienestar.
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Sea cual sea el espacio de nuestra vida en el cual percibimos escasez en un momento determinado, es importante no prolongar esa situación, ni en nuestra realidad, ni en nuestra mente. En primera instancia debemos preguntarnos ¿realmente necesitamos aquello que sentimos nos falta? ¿Existe algo con lo cual pueda sustituirlo? ¿Por qué no tengo eso que necesito? ¿Está en mis manos conseguirlo?
Cuando carecemos de algo, generalmente el lamento es nuestro accionar inmediato, nos preocupamos, podemos sentir angustia y desesperación, pero es importante no quedarse en este malestar, lo sentimos y no dejamos que los pensamientos negativos nos invadan, al contrario, debemos de manera inmediata comenzar a tomar medidas al respecto. Si es una carencia material, es mucho más fácil de solucionar, generalmente nos llenamos de necesidades innecesarias, nos ahogamos en situaciones que hemos podido resolver, cambiar, suplantar o transformar desde hace mucho tiempo, sin embargo, no nos damos cuenta del placer que puede estar produciendo ser víctimas continuas de determinada situación.
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Cuando nos falta un alimento, trabajo, techo, dinero o cualquier otro asunto de esta naturaleza, probablemente solo con calmarnos y entrar en consciencia presente hallaremos alguna manera de resolver; si es necesaria una solución inmediata o a mediano o largo plazo, de seguro sabremos qué hacer y nos daremos cuenta que aquello que consideramos indispensable no es tal.
Probablemente hay alimentos que podemos suplantar, destinos a los cuales podemos caminar y situaciones que podemos resolver solo con comunicarnos, es primordial entender que esta no es una situación eterna y permanente, es solo una circunstancia que amerita nuestra atención momentánea, si nos quedamos ensimismados en la angustia que produce el “no tener”, difícilmente podremos vislumbrar solución alguna.
Si se trata de una carencia espiritual, emocional o de esta naturaleza, basta con entender que esto no es posible. Todas las maravillosas bondades del amor, la alegría, la dicha, la motivación o cualquier sensación de plenitud, está allí, justo frente a nosotros, justo dentro de nosotros… siempre esperando a que la recibamos. La idea de “no tener” quien nos ame, a quien amar, motivos para ser felices… o sentimientos afines, son producto de nuestra mente, de nuestro ego recordándonos que quiere predominar sobre nuestra luz.
 “Concéntrate en tus bendiciones no en tu escasez que es algo que todos han experimentado”. Charles Dickens

Sea cual sea la situación, dale vuelta, retrocede unos pasos, mírala desde afuera y vístete de abundancia. Revístete de luz, ilumina esa situación que te está haciendo sombra, que te genera preocupación, angustia y te siembra la idea de que no vas a poder. Tan solo observar lo que sucede te dará la oportunidad de entender la causa por la cual esa carencia te genera angustia y grandiosamente siempre podrás enfrentarla con abundancia, con esperanza, con tranquilidad, con paciencia, con confianza en que existe indudablemente una o muchas alternativas para solucionar.
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No te enfrasques en lo que no puedes hacer, piensa intensamente en lo que puedes hacer y hazlo, actúa, sé abundante en ti mismo y proyéctalo en todos tus espacios. La abundancia de aquello que nos da satisfacción, que nos llena de luz, que nos hace mejores cada día, siempre es una base firme y sólida para todo aquello material que deseamos construir.
Finalmente para reflexión, te dejo algunas sugerencias que te permitirán despejarte:
Respira, inhala y exhala… ¿qué es lo peor que puede pasar?
Entiende que tú no tienes encima una nube negra… Todos los que te rodean también estamos viviendo momentos difíciles.
Planifica,  sé paciente, utiliza tu sexto sentido y recuerda siempre que el humor es clave para sobrevivir en tiempos de escasez.
Adáptate a las circunstancias así como te adaptas a la turbulencia de un avión. No es una sensación grata, pero no es eterna.
Cuida tu cuerpo y cultiva tu espíritu, esto fortalece la abundancia.
Habla de tus miedos y preocupaciones con gente proactiva y optimista.
Hazte consciente de que todo es transitorio, que los peores momentos también pasan, que tienes la creatividad necesaria para darle la vuelta a la situación.
Aprecia y agradece la grandeza de las pequeñas cosas, el café o té o agua que bebes en la mañana, el olor de un amanecer que nadie puede quitarte, alguna flor que se atraviesa en tu camino o sencillamente la risa de un niño.
Evita gente tóxica. Nada peor en tiempos de “low bat” que juntarse con gente negativa, malintencionada y chismosa…
Y sobre todo, concéntrate en aquello que tienes, no en lo que te falta. Piensa desde la abundancia.